¿Te suena lo de «se cazan más moscas con miel que con vinagre»? Pues aquí aplica… En el reparto, unas buenas maneras desactivan muchos de los conflictos del día a día.

Dicen nuestros expertos que da igual con qué pie te hayas levantado esta mañana: si pasas gran parte del día tocando puertas, es imposible no cruzarte con alguien que tenga el día torcido. ¡Son gajes del oficio!

Pero hay algo poderoso que conviene tener claro:

  1. La persona que tienes delante no te conoce; sus enfados casi nunca van contigo, sino con sus propias circunstancias.
  2. Tus propias acciones pueden empeorar la situación..… o mejorarla. Sí, tienes ese poder.

El poder de la actitud

¿Te ha pasado que después de un día difícil, alguien amable te hace sonreír sin que hagas nada especial? Eso es la magia de la actitud. Y lo mejor: todos la tenemos.


¿Por qué reaccionamos como lo hacemos?

Seguro te has sentido así: alguien te grita, te acusa de llegar tarde, o se molesta porque algo falló… Y tú piensas: “¿Cómo puede estar enfadado conmigo?”

Aquí entra algo bien conocido en psicología:

  • Según la hipótesis de la frustración-agresión: cuando alguien no consigue lo que quiere o las cosas le salen mal, siente frustración. Esta frustración puede generar agresividad. El problema es que la persona no siempre sabe contra quién dirigir ese enfado..… y lo acaba pagando con el primero que se cruza.
  • Por otro lado, existe un mecanismo defensivo llamado de proyección: atribuimos a otros sentimientos, errores o culpas que realmente son nuestros. Por ejemplo, si alguien está agobiado con su vida personal, puede mostrarse irritable contigo, aunque lo que le moleste no seas tú.

Sí, volcar frustraciones es normal, pero no le soluciona el día a nadie.


El momento clave: decidir cómo reaccionar

Ahí está el superpoder: justo cuando alguien te grita o te acusa, es tu turno. Ese instante puede definir cómo va a ser el resto del día.

Si logras recordar (aunque te cueste):

  • Que no lo hace por ti, sino por sus propias vivencias.
  • Que sus acusaciones, aunque suenen fuertes, no te pertenecen.

Entonces, no importa si te dice que el color del paquete no es el adecuado, se queja de que has tardado mucho, te amenaza o te crítica… Porque, en ese momento, decides tú si lo dejas pasar o lo haces parte de tu día.


Pasar de ser ‘el repartidor/a que llega tarde’ a ‘quien me alegra el día

Para que la gente te recuerde como alguien positivo debes:

  • Respirar hondo al primer ruido de tensión. Aplaca a tu bestia interior.
  • Relativizar: recordar quién eres, donde estás, lo que estás haciendo y cuanto vales.
  • Mantener la calma. La diferencia entre “repartidor agresivo” y “repartidor educado” puede decidirse en un segundo, en un aliento.

Piensa que tu actitud no solo te define a ti; es contagiosa. Como la gripe, pero de algo bueno.

¿Te ha pasado que una buena actitud ha convertido tu irritación en calma..… o has sido tú quien, con tu amabilidad, logró arrancarle una sonrisa al cliente más difícil del día? Cuéntamelo, sabes que me encanta leerte.

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