Trucos y claves para repartir más con menos esfuerzo. Parte I

Voy a diferenciar entre dos niveles de competencias: las coyunturales y las estructurales.
Entre las primeras englobo destrezas como tener carnet de conducir (salvo en aquellos repartos urbanos en medios de transporte alternativos o a pie), ganas de aprender y, por supuesto, ganas de trabajar duro. Porque sí, ejercer de repartidor/a es un trabajo bonito, pero también es duro. Y mucho.
Y luego están las estructurales. A este respecto, no vamos a mentirnos: como en todas las profesiones, hay ciertas virtudes que favorecerán en gran medida a quien ya las posea. Hablo de esos pequeños detalles en la personalidad que te ayudan a enfrentarte a tu jornada con mayor soltura y confianza.
Estas características puedes tenerlas… o puedes entrenarlas. Y aquí intentaré darte los mejores consejos para desarrollarlas y afianzarlas en tus rutinas diarias.
Es lógico pensar que, si ya vienen de serie, te será más fácil ponerlas en práctica. Pero que no se desanime nadie: si algo tenemos en común los seres humanos, es la capacidad de adaptarnos y aprender como ningún otro ser vivo sobre la faz de nuestro querido planeta Tierra.
La paciencia (alias: tolerancia al estrés)
Sí, esa a la que tus padres llamaban “la madre de la ciencia”. Y qué razón tenían.
Un repartidor/a necesita una reserva infinita de paciencia para lidiar con los imprevistos de la carretera, los cambios de última hora, los clientes que no contestan al teléfono y las direcciones que no aparecen ni en el Google Maps.
La calma debe ser una constante en tu día a día. Recuerda siempre que hacer las cosas bien ahorra tiempo y disgustos.
Para educar nuestra paciencia, la respiración consciente es fundamental. Y lo mejor: es fácil de aplicar.
Inspira profundo. Espira lento. Este simple acto lleva oxígeno a tu organismo y facilita el control del estrés y la ansiedad.
Practícalo siempre que lo necesites, sobre todo cuando notes que el estrés empieza a treparte por la espalda, cuando estés atrapado en un atasco o cuando el reloj te mire con cara de pocos amigos.
Es fácil. Y funciona.

Tu arma secreta: el orden
Otra de las claves para sobrevivir (y brillar) en este oficio es saber organizarse bien.
No hablo de volverte un máquina del Tetris ni de hacer horarios al milímetro, pero sí de tener un sistema: tus propios trucos para que todo fluya.
Planificar tus rutas, tener claro el orden de reparto, prever incidencias… Todo eso marca la diferencia entre salir del curro con la lengua fuera o con la sensación de haberlo petado.
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Buenos hábitos: la organización del trabajo
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